Bobby García

La Suerte está echada

Por Bobby García

&.- Cargando mi baúl por 26 días

A3_1400Platicando con el irrepetible Juan y su casa, en la que por más de un año y medio escribí la novela Sueños de metal y lumbre, obra que habría sido imposible sin la complicidad soledosa, mítica y casi mística de esa casita que respira soledad, silencios y complicidad con los chinos que murieron en lo que hoy es la cocina, en plática con él, digo, recordó a mineros que nadie recuerda. Me habló del Yeso, pequeña comunidad en la que vivieron mineros, y que solamente lo recordamos –al yeso- porque allí había unos terraplenes a los que subían los dompes cargados de metal y lo echaban a los vagones que iban desde la fundición… “pero el Yeso era un pueblo minero como los demás,” me dijo a manera de reclamo y pertenencia porque cerca de allí vivió rumbo la playa. Y salieron por su boca –como en torrente- nombres viejos que la herrumbre histórica sepultó: Luis el Barracas, Güero Venado, Eugenio, Espíritu y Reynaldito Lucero, los Torres, Quilito Manríquez, Apolonio Verduzco, Toño García, Elías, Eliseo, Fidencio Amador, Fabián, Modesto, el Chaqueta, Martínez, el Gato, el Malata, el Capi, todos de Nopalera. Beto Bernal, Andrés Flores, Simón Navarro, el Suichi, Güity y Nufa Navarro, Zobaba, Manjarrés, Pino Beltrán, Guarro García, Toño Garay, Baldomiano Álvarez, Chato Casillas, Machado, Arturo Manríquez Felipe, Fili y Bolas Alcántar, Ricardo Rivera, el Guayabón, Emilio, Albino, Gollón, Barcelión y su hijo César, los hermanos Güero Chulos, el Chato González, que antes de ser minero le vendía la nieve a Chuy Orozco. Seguramente que olvidamos muchos, pero algunos nunca los había escuchado mentar.

Y siguieron los recuerdos: “uno de los más raros accidentes, porque no pasó en la mina, fue cuando los mineros venían de la chamba por el arroyo del yeso, de la testera, la quebrada, el curruclú. Recuerdo que fue por el mes de julio o agosto, continuó Juan. El dompe del Tebita venía lleno y don Miguelito venía horqueteado con una pierna fuera de la caja. En una curva se encontraron con el dompe de Tirso, y como el camino era angosto, las dos cajas casi se juntaron y la pierna de don Miguelito voló como si fuera un hilacho.” Cuando Juan lo recordó, también recordé que mi padre me lo contó ya que venía en el dompe: “Vieras Bobby cómo voló la pierna dando tumbos entre la tierra y piedras y cómo don Miguelito brincaba dentro de la caja, tirando enormes chorros de sangre que salpicó casi a todos.”

Y pensar que Santa Rosalía tiene su origen en la minería, en la lucha escenificada en los Grupos de La Soledad, Purgatorio, Providencia, San Luciano, y el poderoso sindicato rojo (anarco-sindical) que puso en jaque a los franceses con la huelga de 1925 y que extendió la resistencia por una década, época en la que la empresa pactó con el gobierno del general Agustín Olachea quien emprendió una feroz cacería contra los principales dirigentes hasta aniquilar la brava historia del sindicato rojo, desconociéndolos como trabajadores de la empresa y creando el sistema de poquiteros y la sección sindical 117, que vino a ser sindicato de obreros y no de mineros. A pesar de ese origen de lucha minera, a pesar de la lucha que escenificamos por más de diez años para que la empresa los reconociera como trabajadores, a pesar de toda esa historia, los mineros de hoy, los del nuevo Boleo, se enfrentan al poder, las traiciones y componendas para escamotear los derechos laborales. Ayer fue el Boleo y el gobierno territorial de Agustín Olachea, los que robaron y aniquilaron la insurgencia minera. Hoy, a más de noventa años, la historia del buitre capitalista se repite: los coreanos, dueños del capital y su minera Nuevo Boleo se confabulan con la corrupción oficial representada por el gobernador Carlos Mendoza Davis, que no es militar pero como si lo fuera –altanero, represivo, violento y autoritario- y el cinco de mayo con su policía antimotines rompe el cerco de trabajadores para que la empresa “vuelva a la normalidad,” tal como lo hizo contra los pescadores en Punta Lobos en Todos Santos. Allá es la defensa de la mina de cobre del capitalismo y aquí, en Todos Santos es la mina del turismo del mismo buitre carroñero del imperialismo. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Por la tarde llegué a Casa de Oyuky, nuestra sobrina. Me senté en la banqueta pues no llegaba; me vio el compañero Tenampa y se sentó conmigo. Platicamos e indagué por la salud de Bory su padre. “Está más malito, se cayó y ya ni se levanta, pobrecito ya no nos va a durar.” El nueve en la noche murió y el diez antes de ir a la fiesta en la plaza lo fui a acompañar, pero lo habían levantado a las tres de la tarde. NO me pude despedir de él pero como si lo hubiera hecho ya que fue uno de los últimos Atlantes mineros que retó a la muerte por miles de años en las entrañas de la tierra. Cada vez que iba lo miraba en su casa aguerrida de Ranchería, casi inadvertido en su poltrona en el corredor. Los chacales de la artritis y la tuberculosis lo respetaron siempre y lo dejaron en paz… el chacal del tiempo lo fue encorvando, lo fue rodeando por los cuatro costados desde hace diez años; llegó hasta sus pies y se fue encaramando poco a poco sin darle respiro. El compañero Bory ya no tuvo tiempo para saber de la nueva insurgencia de los mineros del Boleo; no escuchó la algarabía guerrera que atronó por las calles el día diez. El tiempo y los fantasmas transparentes lo montaron en sus hombros y lo llevaron al panteón… se nos acaban los viejos perfiles de la minería. Alea Jacta Est 19-05-16

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