Bobby García

La Suerte está echada

Por Bobby García

&.- Voces cruzadas
&.- Juan Melgar, Arturo Meza, Miguel Ángel Avilés

FORROS la ciudad del canal- CAsi FinalHace algunos meses estoy leyendo el periódico digital Voces Cruzadas del compañero Juan Melgar. Considero este diario un vehículo muy importante en el campo de la cultura y la información. He leído a todos, pero la compañera Estela Davis, me ha llevado a recordar viejas canciones que interpretaba y que de repente en alguna pachanga las interpreto. Quién no ha escuchado por ejemplo: Nunca, de Guty Cárdenas, o Júrame de María Grever: “Yo sé que nunca besaré tu boca/tu boca de púrpura encendida” “Todos dicen que es mentira que te quiero/” La colaboración de Estela sobre Guty Cárdenas, la envié a mi compañero yucateco Jesús Solís Alpuche, que vive en Kinchil, y que me hace el favor de publicar colaboraciones mías en el Diario por Yucatán, de Mérida.

Como los espacios objetivos, veraces y democráticos, escasean, solicité colaborar en Voces cruzadas, aceptaron gustosos, busqué el correo y resultó que las colaboraciones se entregan por face book y no he podido entrar; soy un burro para eso, pero este fin de semana me esmeraré y encontraré el mecanismo para que mis colaboraciones lleguen al diario digital.

Pero esta colaboración va por otra vertiente, pero tenía que comentar los recuerdos a los que me llevó la compañera Estela.

Leí a Juan, Arturo y Miguel Ángel, al que creo no conocer, que se refirieron a mi crónica Ojos de Madera cuchillos de vidrio y a mi novela La ciudad del canal. Juan Melgar dice: “Lo señalo aquí, porque un cachanía así es el que se muestra en las crónicas que se articulan en Ojos de madera, cuchillos de vidrio. Desmadroso y atrevido, el cachano éste tripula el vehículo no siempre amargo de la nostalgia –esa que semeja horizonte madrugal– para empujarnos al costal de las recordaciones.

Pero es que ¿hace falta ser rosalío para caer en la trampa anímica que tiende a los lectores el Bobby con sus atmósferas?, me pregunté en las páginas primeras. Enganchado ya en la lectura pude responder que no, que los fantasmas transparentes, las espectrales apariciones que flotan en los callejones estrechos de este Comala minero son tan universales y plenos de credibilidad como los de Macondo; que cualquiera entiende, goza o sufre las visiones de este Virgilio chollero que nos guía por los pedregales, las callejas, las jedentinas, los entresuelos, la promiscuidad y el calor de un pueblo minero de excepción. ¿Cuánto queda de aquella comunidad impar, en la que convivieron alemanes, franceses, ingleses, escoceses, finlandeses, españoles –a veces sin rozarse– con chinos, yaquis, árabes, mayos y otros mexicanos sudcalifornianos y de la contracosta? Quedan algunos apellidos, alguna sangre, una receta, algunas costumbres… Y queda, sobre todo, un modo de ser, de ver, de regodearse con y de vivir la atmósfera común; atmósfera que este cronista acucioso guardó en su espíritu durante casi ocho décadas para regalárnosla hoy –con todo y sus espectros– en este libro. Alabado sea.”

El doctor Arturo Meza dice: “Ha sido una delicia leer “La Ciudad del canal”, una historia novelada de la construcción de Guerrero Negro. Un homenaje a personajes memorables de la Cachanía de los 50’s, arrojados de El Boleo en quiebra, quienes encontraron en el Guerrero Negro de los 50’s, su destino. La miseria humana en todo su esplendor y la emergencia de la esperanza, de mejores días. Pasajes que recuerdan las novelas de José Revueltas. No es una visión idílica de la vida de Guerrero Negro, lejos está de un texto neutral, bucólico, es una novela apasionada, dura, fuerte; con un lenguaje que constriñe, que no da tregua, excepto en las visiones, las reflexiones de Raudel Tártaro, que el lector sospecha, al final, que es el propio Jesús García Manríquez –el Profe Bobby- quien da voz al narrador, una voz ya inconfundible en el panorama de la literatura sudcaliforniana.”

Miguel Ángel Avilés dice: La Ciudad del Canal, de Bobby García es un reportaje novelado, tan fantástico como la realidad, tan mentiroso como el arte que, gracias a ello, hace posible un impresionismo de 303 páginas que puede leerse aprisa, con una emoción afanosa y un estruendoso disfrute, a tal velocidad, como cuando la furia del agua arranca los arboles del cauce de un arroyo. Bobby García, del merito San Luciano BCS, autor también de los libros Y la palabra se llenó de miedo; Caídos del cielo del infierno; Tres voces, una cruz y el agua, entre otra carretada de publicaciones, esta vez nos cuenta la génesis de Guerrero Negro, esa hoy población de Mulegé, que nacería luego de que se decide instalar ahí, en ese punto, una salina que, en un inicio, procuraba abastecer la demanda de sal de la costa oeste de los Estados Unidos. El autor evidencia las ansias contenidas que hubo de tener por largo tiempo, como una promesa a sí mismo o a su gente o, de plano, como un deseo que se piensa al tiempo que nos echamos unas uvas a la boca. Por eso lo cuenta así, como un informe hecho cuento, historia, plática, literatura que embauca para que se vuelva verdad y perdure para siempre.”

Y ante estas expresiones de solidaridad no me queda mas que agradecerle a los tres. Alea jacta Est –concluiré en la próxima entrega- 16-06-16

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