Bobby García

La Suerte está echada

Por Bobby García

&.- Parece ficción, pero no

&.- Pian pinito, pero siguen los despidos

armando-martinez-vegaEstaba comiendo unos tacos en un changarro de esos en que el dueño apenas si saca “el día,” allá por el primer cuadro de la ciudad. Por la puertecita lateral llegó una persona que traía una carpeta; lo llamó y el taquero accedió. “Me mandaron aquí con usted. Es una invitación para unos cursos a los que tienen que asistir.” Se acercó a la barrita, sacó unos papeles, lo interrogó y apuntó en las hojas el nombre, la dirección y cómo se llama el changarro. El jueves a las diez, sin falta, -le dijo- Guardó los papeles y todavía le dijo: “A mí me mandaron, ¡eh!” El changarrero continuó con su chamba y mostrándome una hoja me dijo: “Es un curso de dos horas que no sirve para nada, y agitando la hoja dijo: por dos horas que nos hacen perder nos cobran 260 pesos. Pero eso no es nada: a la salida está una persona, se presenta como abogado y me dice: “yo no trabajo aquí, pero le recomiendo que me escuche. Si por alguna razón usted tiene un problema con un cliente que lo quiera demandar porque los tacos lo enfermaron, me avisa y yo lo represento para todo lo que se necesite; lo representaré y le cobraré 1800 anuales. Como ya he ido varias veces –dice el changarrero- ya sé que le tengo que pagar como quien dice por protección, porque si no, viene a estar chingando hasta que le pago. Y eso no es nada ¡ya que hay más! También está otro buitre a la salida y me dice lo mismo: “Yo no trabajo aquí, pero te ofrezco un uniforme que tienes que portar en tu negocio, es obligación sanitaria, a los meses te voy a visitar y te proporcionaré otro. Y tienes que usarlo porque de repente llegan inspectores y si no lo traes te multarán: El uniforme te cuesta 800 pesos cada semestre. Otro día me puse el uniforme y los clientes que venían se fueron pues me vieron hasta con gorro y guantes. Han de haber dicho: ¡qué mosca le picó al cabrón, parece marciano! De plano, profe, no te dejan respirar! Después del famoso curso, a los días llega otro fulano, me saluda y me dice que va a medir el espacio. Son cinco metros, me dice, pero como hay unas sillas allá, son casi siete, y tienes que pagar mil quinientos por metro, pero si me das dos mil, apunto que tienes tres metros de espacio y cada año eso te cobrarán. Al rato llegan de protección civil y a “forzoris” tengo que equipar el changarro con dos extintores: Es obligación, por seguridad, me dicen. Te voy a vender dos en dos mil pesos y cada seis meses los vamos a cambiar para que no fallen cuando se tengan que usar. Luego llegan los de salubridad y permisos sanitarios con montón de requisitos ¡y hay que pagar mochada! para que se hagan “de la vista gorda.” De repente llegan los inspectores municipales y cuestionan por la imagen urbana. Me llegaron y dijeron que lo iban a quitar porque daba mala imagen. ¿Y cómo voy alimentar a mis hijos, quieren que me dedique a robar? Por otra mordida el changarro sigue aquí. Nada más falta que lleguen los del crimen organizado y nos cobren derecho de piso y protección. Y hay inspectores que quieren comer sin pagar.

Y si a este viacrucis de los vendedores de alimentos que se la rifan todos los días para atender a los que por necesidad tienen que comer en la calle, o a los que se dan ese pequeño lujo, como yo, qué decir de los burócratas no protegidos del sistema y el sindicato, que siempre tienen que estar con el Jesús en la boca por la voracidad del gobierno que –una vez más- llenó la nómina de compadres, amigo@s como carne de cañón para las próximas elecciones. Armando Martínez, alcalde paceño que al inicio del trienio dijo que correría a mil, ya no ha vuelto a hablar del tema y, el gobernador que no dijo nada, pian, pianito está usando la guillotina en varias áreas de gobierno. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Desde el inicio de la administración del actual gobierno se cuestionó el que la Secretaría de Salud fuera una agencia de colocación de la familia del secretario general de gobierno Álvaro de la Peña Angulo. Se dice que hay más de once familiares sin contar a la secretaria del sindicato Isabel de la Peña, que es su hermana. Hace unos días llegó la guillotina y son más de 70 trabajadores los que darán de baja. Y la secretaria del sindicato, “Chabelita” de la Peña, con su docta y ecuánime actuación en favor del gremio dijo: “donde sí hemos coincidido como sindicato es conocer muy bien esos resultados, porque a lo mejor habría que cuidar el derecho de algún trabajador con mucha antigüedad y que pudiera hacer ser(sic) candidato a basificarse. Cómo es posible que la secretaria general diga que “a lo mejor” cuando es la primera responsabilidad de toda agrupación sindical cuidar (y no a lo mejor) los derechos de los trabajadores? Todo mundo sabe el maridaje entre el patrón gobierno y los sindicatos de sus dependencias. Por ley, los trabajadores tienen que ser basificados con ciertos años de antigüedad (no tengo el dato) pero es un hecho que en salubridad y en todo el sindicato de burócratas hay cientos de trabajadores que tienen de seis y hasta quince años y no son basificados y por lo tanto no pertenecen al sindicato. Y a esos son los que les aplican la guillotina. ¿Por qué no a los familiares de ella y su hermano? Los puestos sindicales son trampolín para chamba en la siguiente administración, o para seguir de rémoras en la agrupación. Y en todas es igual ¡sh! Son chapulines de mil patas y trapecios. Y como dice Víctor Octavio: son gusanos de la misma guayaba. Alea Jacta Est 30-06-16

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